Nos cubrimos con velos. Nos arropamos el cuerpo y las ideas.
Creyendo que por fin huimos del frío, las telas aprietan tanto como un corsé mal ajustado.
Y entonces... nos ahogamos en el mismísimo dióxido que acabábamos de exhalar.
lunes, 5 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario